Funes, pequeño y grande

Todo pequeño pueblo tiene cositas que lo hacen grande. En ocasiones, ni nos damos cuenta de ellas. Si somos nativos, porque siempre han estado ahí. Si somos foráneos cómo es mi caso, tenemos que pasar mirando repetidas veces, para ver ese detalle que a nuestro juicio es interesante, y poder conseguir reflejarlo en alguna instantánea, que a los habitantes del lugar, les transmita que es algo suyo, y sobre todo, que al mirarla, se reconozca su emplazamiento a simple vista.

La conservación, la mejora y el engrandecimiento de un pueblo, se ve en sus calles, en sus plazas, en sus edificios, en sus monumentos, en sus servicios, en su luz, en sus limpias paredes, en sus espacios abiertos, en sus paseos, en las resguardadas solanas, y Funes, es un pueblo grande.

Poder imaginar la vida que tuvo, las vivencias de esas viejas puertas, de sus casas señoriales ya un poco deterioradas, de esas escaleras empinadas, el bullicio de las calles convertidas en pistas de velocidad para esos artefactos construidos artesanalmente, y la tranquilidad de un paseo por su Mejana, por las riberas del Arga y el Aragón, o disfrutar de un regalo para los ojos con el paisaje de Peñalén en el Barranco del Rey.


















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