jueves, 22 de abril de 2010

Semilla

Un muchacho dormía y soñaba que se encontraba en un bazar enorme, de una gran ciudad oriental.

Sintió curiosidad, al ver a una chica muy guapa detrás del mostrador de un comercio, y preguntó:

- ¿Qué vendes aquí?

- Todo lo que desees –respondió educadamente la joven, que parecía un ángel.
Entonces el chico comenzó a pedir cosas de todo tipo, materiales o no, de cualquier naturaleza, deseos que nunca se habían visto cumplidos de trabajo, de salud para su familia y sus allegados…. Un sin fin de…

La chica que parecía un ángel le interrumpió:

- Lo siento, no me has comprendido bien. Aquí no vendemos frutos ni flores, sino solamente semillas.

Es una historia incompleta, inacabada. Deja el final para que cada uno lo interprete de la forma que crea oportuno, pero nos da pie a pensar, lo que hacemos con nuestros hijos. No sirve con tenerlos y ya son nuestros. Ahí no acaba la compra, sino que comienza la responsabilidad. Debemos de concluir el trabajo, hasta que esa semilla germine, en lo que cada cual espera de ella. Después de los cuidados, cariño, del trabajo dedicado a ellos, nos gustaría, quisiéramos, que algún día se convirtiera en una hermosa flor.

Aquí en esta serie, os presento a una de mis dos semillas, la otra para otra ocasión.


















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