jueves, 17 de junio de 2010

La última sonrisa.

La manada vivía en estos campos repletos de pastos verdes; sembrados de hierba tierna y jugosa; salpicados de grandes encinas para protegerse los días de calor. Su zona la delimitaban interminables cercados de piedra antigua, que ganan altura con alambre de espino.

Todos en la manada eran de pura raza, tenían grandes defensas, mirada profunda de ojos negros azabache, eran fuertes, apuestos, gallardos. Su vida era muy tranquila, placentera, sin agobios, todo eran cuidados.

Cuando la Sonrisa de la Luna estaba lo mas amplia posible, los desafíos por demostrar ser el mas fuerte de la manada, se hacían mas duros y frecuentes; luchaban, peleaban entre ellos, y el vencedor, se hacia con el derecho a subir a la loma mas alta de la dehesa para estar junto a la Luna.

Esta vez, el triunfador fue él. Por fin después de mucho tiempo, había conseguido el derecho a encontrarse al lado de la sonrisa de la Luna en la cima de la loma. Quería disfrutar ese momento tan deseado, tan soñado. Observar de cerca esa anhelada sonrisa grande. No había visto nada tan bonito en su vida. Se mantuvo despierto toda la noche contándole toda su vida. Quería despedirse, sabía que no tardarían en volver los hombres a caballo que venían de vez en cuando. Se llevaban a los más grandes, a los más fuertes, a los más bravos.... y entre ellos, esta vez, seguro estaría el.

Al amanecer volvieron aquellos jinetes.......... Esa misma noche, sobre la loma, la sonrisa fue mucho más pequeña, más triste... más oscura. 



















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