Lineas


Siempre he sido un soñador. De pequeño soñaba que era una gran figura del fútbol, y que conseguía traspasar la línea de gol con la pelota; que era el funambulista del circo, que cruzaba las alturas sobre la línea del cable de alambre; que era el mejor sobre las rectas casillas de un tablero de damas.

De jovencito, cuando ya se habían disipado los sueños de campeón deportivo, seguía soñando casi despierto. Miraba al cielo, me encantaba mirarlo y ver como lo surcaban los aviones dejando la línea de la estela. Recorría mi camino siempre por el lado más corto, por la línea recta.

Con el paso de los años, los sueños siguieron. Traté de recuperar la línea buena que se había curvado, el camino correcto que marca la recta a seguir. Fue uno de los objetivos más importantes que he conseguido en mi vida.

Lo siguiente, no es ningún sueño, es una reflexión de lo presente que están las líneas en nuestras vidas. Es lo que pensaba estando conectado a una maquina en la U.C.I. de un hospital, mientras miraba la línea de picos que marcaba el ritmo de mi corazón en un monitor y rezaba por que no se convirtiese en una recta.




















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