viernes, 2 de agosto de 2013

Lisboa, Portugal

Portugal, Lisboa, una nueva ciudad para descubrir. Moderna, muy occidental, y con un sentimiento muy viajero, es la primera impresión que me causo. Comparable con una persona que no está a gusto en ningún lugar y su idea es viajar cambiar de asentamiento continuamente. El olor del viento es lo que nos hace saber que estamos muy cerca del mar, no hay diferencia de paisaje con la desembocadura del río Tajo. Amplio entre orillas, verde de bandera en las riberas.

<■> Comenzaremos el recorrido por Lisboa, por su corazón, por su centro, por su color diverso, por lo que no suele aparecer en los catálogos de viaje. Nos muestra su gente anónima, sus calles, sus rincones, que no aparecen en los catálogos de viajes. Esto nos hace sentir la ciudad. Las fachadas pintadas con anuncios de próximos espectáculos, interiores de los tranvías y metro en que las personas se comunican con su silencio, los turistas no respetan y gritan. Sus gentes anónimas continúan con su silencio, indiferentes.

<■> La personas tenemos dos apoyos, que son nuestras piernas, nuestras columnas, el soporte que físicamente nos sujeta físicamente y nos mantiene en pie. Lisboa también tiene esos apoyos y son sus alrededores que hacen que el nivel de belleza no solo se mantenga sino que aumente. Lugares de ensueño, patrimonios de la humanidad, por su alto valor histórico. Sitios de peregrinación, Fátima, multitudinaria, convertida en un mercado que combina la curiosidad con el fervor religioso. Arenales de playa que refrescan la tierra árida. Pueblecitos marineros con todo el sabor a mar. Monasterios y conventos verdaderas obras de arte gótico y que no son cuidados con el esmero que merecen. Portugal es un país del sur.

<■> Los tranvías de Lisboa no son sólo uno de los medios de transporte más útiles para desplazarse por la ciudad, sino también una de las atracciones turísticas más importantes de Lisboa. Los tranvías tradicionales son pequeños, nostálgicos y, por qué no decirlo, preciosos para las fotos. La ciudad está construida sobre un montón de colinas, estos "carris electricos" nos ayudan a visitar, El Barrio Alto y Alfama, dos de las zonas más pintorescas, en que el tiempo se detiene y nos dan los motivos del viaje a Lisboa.

<■> La oscuridad de la noche lisboeta, da para más que el lamento rasgado y nostálgico de su mundialmente conocido “Fado”. Escuchar uno de ellos a pesar de no conocer muy bien el idioma es tremendamente emotivo. El sentir de la vida hecho música. El centro de Lisboa tiene unos edificios realmente bonitos con la iluminación artificial, el color más o menos blanco del día, se convierte en blanco puro. Las sombras que se imaginan en la penumbra se transforman en figuras llenas de vida, de risas, de alegría en los ríos de terrazas de la gran Avenida de la Liberdade, o en la cuadrilátera Plaza del Comercio. Los espacios para la diversión nocturna, tienen esa luz que solo te deja ver si estas en el ambiente, si no estás en el, todo te parece oscuro y fuera de lugar. La edad y la situación casi siempre te colocan fuera de ese ambiente nocturno, fuera de juego. Pero un conclusión se puede sacar de la noche de Lisboa, ha llegado tarde.

<■> Con cerrar los ojos, las postales de Lisboa vienen a la mente muy rápido, serán siempre las mismas, los monumentos más representativos, que nos muestran lo que nos quieren enseñar de esta ciudad, tan carismática, tan antigua, y abierta a todo visitante. Siempre parece que es un poco trampolín para saltos más lejanos. El monumento a los Descubridores, Los Jerónimos, el Puente 25 de Abril ..., todos cara al río que es casi mar, una puerta abierta para recibirte o con el mismo gesto decirte adiós. Lisboa es así, un puerto abierto.