Salamanca. Plaza Mayor

Solo fueron unas horas, sin llegar a un día, aunque nada es suficiente para saborear el ambiente diverso de la Plaza Mayor y sus alrededores. Un variopinto de personajes, venidos de todas las partes del país y desde fuera del mismo.

El silencio se rompe a primera hora de la mañana, sin despuntar las luces del día. El murmullo es incesante. Oleadas de personas agrupadas, no dejan de invadir pacíficamente los soportales del amplio recinto de la plaza. 

Es igual que el ajetreo del día no sea muy activo, el ambiente, el colorido y todo lo que rodea la Plaza, se ha convertido en un gran mercado, que como no podía ser de otra manera, está dedicado al libro antiguo. Todas sus casetas están repletas de historia, contadas por las páginas de los stands, y por las columnas de los portales, coronadas por los bajorrelieves de personajes que tuvieron relevancia en la vida de la ciudad. 

Por la noche, el entorno cambia, pero la atmósfera y la vivacidad de los colores, se multiplica. Los bares y terrazas revientan de bullicio. Los jóvenes poco a poco van tomando el relevo de las personas de mayor edad, hasta hacerse con el control de la plaza en una gran fiesta. El día vuelve a comenzar. 

Salamanca, tiene muchos atractivos, pero nada comparable a la Plaza Mayor, abrazada toda ella por alrededores preciosos que la convierten en uno de los lugares que no puedes dejar de sentir. 




















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