Olite

La silueta gótica del Palacio de los Reyes de Navarra de Olite no parece real: Las afiladas torres, los fosos, las murallas, los jardines, y las elevadas ventanas de arcos ojivales bien podrían ser el escenario de un cuento de hadas. En realidad, la magnífica construcción está conformada por dos recintos: El Palacio Viejo, castillo defensivo edificado sobre restos romanos en el siglo II y hoy convertido en Parador, y el palacio gótico que Carlos III mandó a construir con el fin de que fuera sede real permanente.

Resultado de una fiel reconstrucción, el palacio que en su época fuera considerado el más bello de Europa, es principal atracción de una ciudad que enamora. El casco medieval, en donde destacan la antigua iglesia románica de San Pedro y la de Santa María la Real, de un magnífico estilo gótico, está cuidadosamente preservado y es prácticamente peatonal. Salpicado de tiendas de productos artesanales navarros, es ideal para un paseo sin prisa. Olite, además, hace honor a sus caldos con un interesante Museo del Vino. 

Aquellos que aman las leyendas, se fascinarán con una visita a las galerías medievales: Cuentan que por medio de pasadizos secretos Carlos III soñaba con unir el palacio de Olite con el de Tafalla.



















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