sábado, 8 de agosto de 2015

Autol. Picuezo y Picueza

Cuenta la leyenda que el Señor del Castillo poseía una viña muy especial, que daba exquisitas uvas, que alguien estaba robando. Una noche, el guarda sorprendió a una pareja que ocultaba algo en una cesta; les pidió que lo mostraran, sospechando que eran uvas, a lo que la pareja se negó y tentó al diablo diciendo: "que nos volvamos piedra, si son uvas lo que aquí llevamos".

La maldición cayó sobre ellos por mentir, porque eran uvas del Señor lo que ocultaban. Cualquiera que fuera la causa de su conversión en piedra, esta pareja de enamorados sigue guardándose eterno amor y, en ocasiones, nocturnos paseantes los han sorprendido susurrando suaves palabras de amor. ¿O quizás es el viento?

Nadie lo sabe, como nadie conoce su origen o quién les dio esos nombres tan extraños. Lo cierto es que el río y la erosión del viento les ha dado forma de hombre y mujer o de "frailes capuchinos", depende de los ojos con los que se mire. Ahí están sus nombres y formas, ambos extraordinarios.











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